23 ene. 2013

Oo__La niña y su bestia__oO

No suelo escribir, y menos una historia así.
Pero cuando las cosas salen por si mismas sólo hay que coger la herramienta y dejarse llevar.
Sin más, ahí va:

Aquella historia que no se contó porque era muy tarde…
Basada en hecho irreales.

Que empieza con un, “Erase una vez…”
Una familia muy humilde, que vivía a orillas del bosque más denso y oscuro que jamás en el mundo hubiera existido. Muchos decían que estaba maldito y ni los hombres más valientes se atrevían a adentrarse en él.
En ésta familia habían 3 hermanas, Rosalía la mayor, Analoria la mediana y Willermina la más pequeña. De las tres hermanas Willermina era la menos hermosa, ella no tuvo la suerte de sus dos hermanas, de delicadas mejillas y cabelleras rojas cómo el fuego.  Willermina tenía el cabello color carbón a juego con sus ojos pero la fuerza de un chico. Parecía un chico. Y su madre muchas veces la despreciaba por ello.
Willermina tenía ya edad para la vida adulta y por eso sus temores cada día se hacían más fuertes.  Sabía que ocurría en las familias humildes cómo la suya, sus padres las casarían a ella y sus hermanas o bien la venderían al servicio de alguna casa rica.
La madre de Willermina siempre le decía a ésta, que cómo siguiera pareciendo un chico jamás la casarían y pasaría su vida fregando las cuadras de algún noble.
La pequeña vivía angustiada, por las tardes, cuando el sol aún brillaba corría hacia el bosque y allí trepaba al árbol más alto que encontraba para dormitar entre sus ramas. Antes del anochecer volvía al hogar y sin hacer mucho ruido se mantenía ocupada con los quehaceres que su madre le mandaba.

Ella no quería tener esposo ni quería ser la criada de algún idiota burgués, ella tenía claro que quería, quería ser libre.

Esperó a que la luna llena apareciera en la noche, preparó un pequeño saco con comida, robó las pieles de su madre y huyó de ese desaliñado hogar que al que nunca había pertenecido.
Al ritmo de sus pasos veloces y de las lechuzas, saltaba y corría entre raíces gigantes, su respiración estaba acelerada, sonreía y eso hacía que corriera más deprisa.
Tenía un miedo atroz a lo que pudiera encontrarse, pero era el miedo a ser libre de verdad y no era el miedo pegajoso y podrido de ver su destino muerto en un pozo encerrada.

Cuando sus pequeñas piernecitas estaban desgastadas de correr, encontró un risco fácil de escalar, subió y en su cima encontró una gran entrada de una cueva profunda. Mi nuevo hogar pensó y tiró todo por la roca lisa del suelo y se tumbó en la entrada viendo las últimas estrellas que llamaban la salida del sol.

Se durmió la niña flaquita, de cabellos negros, llena de arañazos y hambrienta. Pero durmió tranquila y profundamente a pesar de los alaridos de la noche.


Cuando el sol empezaba a quemar sus parpados, despertó con un hambre atroz. Sabía que debía comer y tenía un saco lleno de pan y raíces. Pero su nueva vida la estaba esperando y no podía quedarse quieta sin saber qué extraño manjar podría encontrar entre aquellos árboles.
Bajó saltando la roca, pinchándose en las plantas de los pies, pero nada le dolía.
Y se adentró otra vez en el bosque, ésta vez de día.
Atenta para no perder la cueva, caminaba despacio alerta a cualquier movimiento, y podía jurar que en aquel bosque todo se movía, todo era vida.
Encontró un pequeño rio de agua cristalina y bebió hasta hincharse la barriga, entonces comenzó a reír a carcajadas, había bebido más de la cuenta y eso le hacía gracia.
Entonces entre su escandalosa risa escuchó el alarido desgarrador de algo enorme…
Calló de golpe y abrió bien los ojos, una mano fría le subía por la espalda y la paralizó de miedo. ¿Qué era eso?
Pensó que había sido imprudente campar tan ancha por el bosque, no lo conocía y aquello le podría costar la vida.
Entonces aquella bestia volvió a aullar!
Se le escapó un quejido a la pequeña y se encogió entre las piedras.
Cerró los ojos fuerte mientras decía, esto ha sido un error, no debería estar aquí…
Estaba caladita de miedo, y se puso a llorar.
No he podido llegar hasta aquí para esconderme entre las piedras, pensó…
Si mi destino es morir en éste bosque, es lo que he elegido y eso es lo que tengo que afrontar.
Intentó ponerse de pié con sus piernecitas de alambre temblorosas, se secó las lagrimas y los mocos con sus brazos y empezó a caminar hacia los horribles sonidos.
Cada vez quedaba más latente que aquello que gritaba no era un animal descrito en los libros, debía ser algo verdaderamente grande y fuerte, pero que misteriosamente no se movía del lugar.
Avanzaba pero cómo si tiraran de ella hacía atrás, estaba muerta de miedo…
Al final de un retorcido camino, vio por primera vez al ser que graznaba la desgarradora sintonía.
La pequeña se quedó helada al ver que si conocía a aquel animal… Lo había visto en los libros y en los anuncios del poblado, aquello que gritaba era un lobo gigantesco, desproporcionado, enorme!
pensó, -vale, ya lo he visto, me vuelvo a la cueva corriendo…
-Pero al girar, no puedo evitar entender que estaba pasando. Aquel animal había caído en una trampa para ogros que algún lunático puso en su día en ese lugar. Las trampas para ogros matarían al instante a cualquier ser que obviamente no fuera un ogro, o tuviera el tamaño de uno y sin duda aquel lobo lo tenía.

Algo en su interior le dijo que tenía que hacer algo, no podía dejar a la pobre bestia morir de dolor.
Con el valor de un gorrión se acercó por el frente a tal descomunal lobo, andaba poco a poco con sus manos extendidas en señal al animal de buenas intenciones.
El lobo al verla enfureció e intentó abalanzarse con aquellas mandíbulas hacía la chiquilla.
Ella retrocedió un par de pasos, esperó unos minutos y volvió a avanzar, el lobo al volver lanzar su rabia contra ella sintió el desgarro de la trampa en su pata delantera y aulló y retorció cómo un lobezno recién nacido.
¡NO! Soltó ella involuntariamente, y el grito hizo que el animal bajara la intensidad de sus quejidos. NO no no… Iba diciendo ella acercándose cada vez más, tanto que podía notar el aliento ardiente del lobo en su cara, con toda la valentía en las puntas de sus dedos, acercó la mano al morro del animal. Su manita insignificante parecía una broma al lado de aquel hocico, pero en un momento claro, ella lo acarició y sorprendentemente el animal se dejó.
Pareció una eternidad lo que había sido un instante fugaz, el contacto fue algo eléctrico.
Los ojos del animal estaban clavados en los suyos y la dejaban paralizada. El vio dentro de ella y ella entendió lo que él le quería decir.
Sabía exactamente cómo desarmar aquella trampa del mal, se escabulló entre el pelaje denso del lobo, llegó con agilidad a la pata atrapada, y con rapidez y fuerza fue desenroscando las piezas clave para abrirlo. Tuvo que poner todo su empeño, ya que estaba oxidado, por un momento creyó no poder conseguirlo, pero era lo que más quería en ese momento, no podía fallar a tan hermoso animal.

Y por fin sonó un ¡clack! La presión cedió y la pata se deslizó fuera.
La bestia se agitó fuertemente para poder ponerse de pié y golpeó a la niña proyectándola unos metros fuera, pero aquel enorme cuerpo volvió a caer, la herida era más grave de lo que pensaba.

Dolorida por el golpe, se puso en pié. Se rascó la cabeza y recordó que ella siempre había tenido magulladuras de todas clases en el cuerpo, siempre andaba saltando entre las ramas y su agilidad a veces dejaba que desear y volvía a casa con heridas de todo tipo. De las cuales mentía a su madre y contaba que habían sido peleando con los chicos de la aldea. Si su madre supiera la verdad sería capaz de atarla a la pata de la mesa para que no volviera al bosque nunca más, así que prefería una riña sobre cómo se supone que se debe comportar una dama a que su madre supiera la verdad.
Sabía perfectamente que hierbas debía machacar para fabricar aquel asqueroso ungüento que tan rápido aliviaba el dolor… De cada planta cogió la hoja más grande, en una gran roca improvisó una mesa y empezó a machacar todas las hojas juntas y alguna que otra flor convirtiéndolo todo en una pasta de color negruzca. El animal no perdía detalle de cada movimiento que ella hacía. Cuando acabó, cogió la hoja más grande e introdujo la masa dentro, preparó unas pequeñas cuerdas con lianas diminutas y caminó hacía el lobo.
Este gruñó cuando la pequeña estaba cerca, y ella volvió a decir: -¡NO!
- Al parecer eso hacía que el lobo accediera, no sabía porqué pero sabía que lo seguiría usando. Con mucho cuidado puso encima de la pata desgarrada ungüento, sabía la sensación que aquello le iba a producir al animal, por eso intentó no acercarse demasiado, escocía.
Y efectivamente, el lobo se incomodó bastante y quiso retirar la pata, pero otro NO, surgió y la cura se hizo hasta el final.
Tenía una herida horrible, pero sabía que con ciertas curas el animal saldría adelante.
Sin pensarlo dos veces la niña se tiró en plancha al estómago del gran lobo, le abrazó, se acurrucó entre su caliente y suave pelaje y se quedó dormida.
El animal hizo el intento de huir, o sacudirse aquel tipo de pulga de encima, pero prefirió ceder, hacerse una bola alrededor de ella y cerrar los ojos, el dolor estaba cediendo.
Y así comenzó una extraña amistad entre un lobo gigante y una niña valiente.
Los días iban pasando y se estaba creando un círculo de respeto y amor entre ambos. Willermina llamaba al lobo Laukanis, salvaje en su idioma natal, éste la protegía de cualquier ser con malas intenciones y ella  le alimentaba y curaba sus heridas cada día.
Fue duro para la niña salir a cazar por primera vez, no le gustaba la idea de dar muerte a un animal, pero Laukanis no comía raíces.
Se construyó un arco fuerte, y preparó un centenar de flechas, llevaba una lanza y un cuchillo de piedra, todo ello necesitó mucha práctica y destreza para el uso, pero hubo el día que casi era una experta con el arco y era la única arma que prefería llevar.
Los días pasaban, el lobo poco a poco iba recuperando la movilidad de la pata, se trasladaron a la cueva de la niña, y allí paso el invierno y la primavera, casi sin darse cuenta. Entre ellos había el amor de la amistad que jamás habían conocido, Laukanis cada día estaba más fuerte, ya no necesitaba las curas, su pata volvía a ser como antes, así que dedicaban los atardeceres a correr por el bosque, ella encima de su gran lomo agarrada a su pelaje, volaban por encima de raíces y plantas, sorteando troncos retorcidos llegando a riscos para gritarle y aullarle a la luna.

Eran los días más felices de sus vidas.

Una mañana Willermina despertó cómo otros tantos días, cuando el sol ya estaba alto, pero aquel día pasaba algo, Laukanis seguía durmiendo y aullaba y sollozaba en sueños. Extrañada la pequeña puso su mano sobre la cara de éste para despertar al lobo de lo que parecía una pesadilla, al contacto de la mano, el animal abrió los ojos de golpe, casi inyectados en sangre, mordió a la niña en el brazo, la zarandeó y la lanzó metros dentro de la cueva.
Por un momento el tiempo se paró. El dolor era insoportable, estaba cubierta de sangre y totalmente paralizada de terror.
Laukanis con expresión terrorífica en un segundo cambió el semblante, tiró las orejas hacia atrás y agachó aquel enorme cuerpo. Estaba atónito, no creía lo que había hecho.
Quiso ir en dirección a la niña pero ésta grito con fuerza  ¡NOOOOOO!
Su voz quebraba por el llanto.
¿Qué había sucedido?
La brisa caliente corrió entre las patas del gran lobo, bailó entre las rocas y llegó hasta la cara de la niña, con ella llegaba la evidencia de lo que estaba ocurriendo. Un halo de esclarecedora realidad les golpeó a ambos, se miraron a los ojos y en aquel instante supieron la verdad.
En la entrada de la cueva, en el pequeño risco de en medio del bosque más denso y oscuro, justo allí se terminaba todo. Ella era una niña, valiente, capaz y humana, pero una niña. El rey del bosque, una bestia salvaje con la fuerza de 20 hombres, capaz de devorar sin pestañear a una niña. Sus mundos eran tan contrarios que ni las fábulas más fantasiosas hubiera creído verdad. Pertenecían a mundos diferentes y a ellos debían volver.
La niña se secó las lágrimas con la mano herida, y su sangre pintó dos trazos en sus mejillas, se puso en pié, andó hasta Laukanis, éste agachó su cabeza y se fundieron en un abrazo intenso.
La sangre de ella dibujó una mancha en el pelaje del lobo cómo las líneas de su cara.
Ella le besó y se giró hacia la cueva, cogió las pieles, se preparó un saco y cogió su arco, comenzó a bajar por el risco e indicó al animal que la siguiera.
Al llegar al suelo, se miraron por última vez a los ojos y cada uno emprendió su camino en dirección opuesta al otro.
Nunca más se volvieron a ver y así empezó la segunda gran aventura de sus vidas.
Pero…  A lo largo del tiempo supieron que el otro aún seguía con vida, ella escuchaba al gran lobo aullar todas las lunas llenas desde la lejanía, entonces lanzaba su flecha más grande en llamas a lo alto del cielo, para que él la viera cruzar en la noche.
Hasta el final de sus días. FIN.

14 comentarios:

  1. Esta noche soñaré.
    Gracias de corazón.

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  2. Soy la Montse, me ha encantadoooooo :)

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  3. buf, ahi hay muchas cosas escritas...eres grande ninia, muy grande.

    sandra b.

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  4. Gracias a vosotras!
    Me llena mucho que os haya gustado!

    Gracias a corazón abierto.

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  5. Preciso............tu mami.

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  6. Candela:

    Quiero verlo dibujado ENTERICO, oígame.
    ¡Muchos besos y escribe tanto como dibujas!

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  7. Candelita niña preciosa, que ilusión leerte.
    Si tu me lo pides yo hago!

    Lo de niña te lo digo con el cariño, que menuda mujer estás plantá miarma.

    besos de piruleta de corazones.

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  8. Buena, muy buena. Una historia bien construida.
    Ahora habrá que ver las caras que les pones a los personajes y a los paisajes.
    Aunque el dibujo del encabezamiento ya da una muy buena impresión...

    Soy Gabriel, tu tio.
    Un saludo

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  9. Gracias Tito.
    :)

    Qué gracia oye que me comentéis todos aquí!

    Ando motivada.

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  10. Me ha gustado mucho Perditah, si señora,siempre sorprendiendo...solo un pequeño inciso,la historia esta mu bien construida (estoy deseando verla dibujada)pero lo unico que he echado en falta es quizas alguna dificultad extrema en su supervivencia en el bosque,para que no todo fuera tan facil y bucolico, aunque simplemente es una opinion personal totalmente prescindible.Un saludo y sigue asin!!!!!!!
    K.

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  11. Kimo!
    Muchas gracias!

    Y si, creo que tienes razón, se me pasó por la cabeza y para hacer una historia más completa debería haber explicado algo más la convivencia de ambos. Tomo nota por si me la vuelvo a reeconstruir y me da por dibujarla ;)
    Gracias maestro.


    Un besín!

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